lunes, 30 de septiembre de 2013

El CDM y la llave de plata

EL CDM Y LA LLAVE DE PLATA

PREMONICIÓN.

El castillo, enorme, gigantesco, con esos amplios corredores de piedra, esos tapices viejísimos colgando de las paredes, esas antorchas dando una lúgubre sombra a los pasillos. Y nosotros siete. Intentando encontrar dónde estaban encerrados nuestros compañeros de clase. Sabíamos que era una mazmorra que tan sólo se abría con aquella llave de plata que teníamos entre nuestras manos. Pero el verdadero misterio no radicaba sólo en dónde estaban los demás, sino en quién era el jefe de aquella banda que tanto parecía saber sobre nuestro colegio, que tanto parecían conocer nuestros profesores y que, a día de hoy, aún continuaba siendo una incógnita.
Seguimos avanzando sin saber dónde estaban nuestros compañeros y desconociendo las trampas que nos habrían puesto nuestros enemigos, que merodeaban por allí intentando darnos caza. O acabábamos pronto aquello y los encontrábamos, o lo que acabaría sería nuestra vida, muy prematuramente.



1.
El escondite perfecto.

Era más de media noche. Prácticamente todo el mundo estaba durmiendo en Cartagena y en sus proximidades. Todo estaba tranquilo, silencioso.
El silencio quedaba roto solamente por el ruido de algún coche que pasaba por la calle, pero todo estaba silencioso. Resumidamente, todos dormían. En especial los alumnos del colegio marista “Sagrada Familia”. Veremos por qué... En fin, para qué seguir aquí. Pasemos a la mañana.
Una mañana en la que comenzaba el colegio, comenzaba la rutina, el trabajo, los duros despertares a las siete. En el colegio marista “Sagrada Familia” no iba a ser una mañana cualquiera. No, señor, los cursos de 4º D y 4º C de E.S.O iban a hacer una visita a la ciudad de Alicante, para admirar un castillo de tiempos antiguos que aún se mantenía en perfecto estado. Los encargados de la visita serían los tutores de ambos cursos. Aquella mañana todos habían llegado al colegio bastante temprano. En la clase de 4º D no había quien pudiera hacer callar a ninguno de los que estaban allí.
—Vaya cosa—decía Jorge Ferreiro—. El primer día y ya nos vamos de excursión.
—Lástima que no nos dejen ir al parque temático que hay unos kilómetros más adelante— se lamentó Daniel Robles—. Sería mejor.
—Nadie te obliga a ir, Dani— intervino Javier Gómez—. Si te quieres quedar...
—No, Javi, no me voy a quedar copiando cincuenta listas de verbos irregulares en inglés por no ir a esa tontería de excursión— le respondió Dani.
En ese preciso momento entró por la puerta don Antonio Martínez Martos, profesor tutor de la clase de 4º D.
—Bien, señores...— comenzó. Todos se callaron y se sentaron en sus respectivos asientos—. El autobús está abajo. Sale a las ocho y media.
—¿De la tarde?— bromeó Lucas Escudero, como siempre.
—Qué tonto eres, Lucas— le decía Pablo Martínez, alias Pally.
—Bueno, si quieres quedarte a copiar verbos hasta esa hora en la que tú dices que sale el autobús, pues adelante— le sugirió don Antonio.
—No, profesor, por Dios, yo no quise decir eso, usted ya sabe, era broma— se apresuró a contestar Lucas.
—¿Pues para qué hablas entonces si no sabes lo que dices? Ay, Lucas, Lucas...— suspiró don Antonio, y continuó—. Bien, ahora vamos a bajar en silencio porque los de tercero están en clase.
—Pobrecillos— murmuró Lucas. Pally le dio un capón.
—Cállate ya— le dijo.
—Pobrecillo tú, que te vas a quedar como no te calles de una puñetera vez— dijo don Antonio, que empezaba a perder la paciencia.
Todos bajaron al autobús. Se subieron y éste se puso en marcha. Los profesores se sentaron uno delante y otro detrás, para poder controlar mejor a los alumnos.
—Podemos irnos ya— le dijo don Antonio al chófer. El autobús, que iba lleno a rebosar, y tenía setenta plazas, partió hacia Alicante.
Es precisamente aquí donde comienza nuestra historia. La prensa de la ciudad no hacía más que hablar de otra cosa. Había desaparecido como por ensalmo todo el dinero de todos los bancos, todas las joyas de todas las joyerías y en ese mismo instante se estaba produciendo un atraco. Los atracadores desvalijaron completamente una tienda de relojes de pulsera y se largaron de allí a toda prisa. La policía intentó seguirles, pero no consiguieron nada para atraparles. Los ladrones se dirigieron de inmediato al castillo de Santa Bárbara y entraron en él, seguramente para esconder lo robado. Tardaron demasiado en salir, pero cuando lo iban a hacer, apareció un autobús del que se bajaron por lo menos sesenta y cinco críos y dos hombres adultos. ¿Pero qué era aquello? Los hombres entraron al castillo a toda prisa. Don Antonio explicó brevemente lo que harían y que don Enrique, tutor de 4º C, les contaría un poco sobre la historia de aquel lugar. Minutos después, todos estaban en el castillo. Todos excepto Alejandro del Palacio, Juan Salas y Carlos Gallego, que estaban buscando algo en el suelo.
—¿Pero qué hacéis? ¿Queréis entrar ya?— les gritó don Antonio.
—¡Un momento, que a Palacios se le han caído diez euros!— dijo Juan, mirando por el suelo.
—Alejandro del Palacio, entra en el castillo— dijo don Antonio.
—Voy, voy. Ah, aquí están los billetes. Condenados...—murmuró Palacios.
Una vez dentro del castillo, se situaron en el pasillo principal. Cuando don Enrique iba a empezar a hablar, sonaron dos voces.
—¡MANOS ARRIBA!
—¿Qué diablos...?— don Enrique se volvió. Dos tipos apuntaban a todo el grupo con sendas pistolas.
—¡Eh! ¿Tenemos pinta de dianas?— les espetó Lucas.
—Como no te calles tendrás pinta de colador— uno de los hombres le apuntó.
—Mira qué bien. Ahora los espíritus de los se señores feudales se pasean por ahí sueltos con pistolas— dijo Dani—. Pero qué...
—¿Peste?— le interrumpió Javi.
—Sí, eso...
—¿Os vais a callar ya? Vosotros lo sabéis, seguro, lo sabéis. Como nos delatéis os vamos a...
—¿Qué tenemos que saber? ¿Qué significa esto? ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?— gritó Palacios.
—Déjalos. No saben nada— dijo uno de ellos.
—¿Quiénes sois vostros?— preguntó Lucas.
—Mejor que no lo sepáis— dijo el hombre.
—Eh, le he hecho una pregunta. Si no quiere que le detenga, contésteme. Tiene pinta de sospechoso. Muy sospechoso— dijo Lucas.
—¿Sospechoso? ¿Yo? ¿Por qué?— preguntó el hombre, de forma muy atropellada.
—No sé. Dos tipos que se esconden aquí dentro y que nos apuntan con un arma, lo veo completamente una chorrada.
—Bah, tonterías, ya nos vamos— los hombres guardaron las armas y se fueron de allí, dando un portazo a la inmensa puerta de madera.
—Pero qué tíos más raros— Javi seguía mirando a la puerta.
—Yo no entiendo a la gente así, la verdad. Su comportamiento el ilógico, completamente— dijo Dani. No había terminado de decirlo cuando oyeron que el autobús arrancaba. Todo el mundo salió fuera del castillo en tropel y vieron cómo su propio autobús se perdía en la distancia. El chófer estaba atado a un árbol, víctima de haber recibido una paliza.
—¿Pero qué coño pasa aquí?— bramó Palacios—. Unos tíos que nos apuntan con una pistola, que dicen que los vamos a delatar por algo que no sé ni lo que es, guardan las pistolas y se van tan mansos, le dan una paliza al chófer y lo atan a un árbol y se llevan el autobús como quien no quiere la cosa. Desde luego, cada día el mundo está peor.
—Lo malo es que estamos aquí tirados— dijo don Antonio—, a no ser que vayamos a la ciudad y alquilemos un autobús de vuelta a casa. Lo que no sé es cuánto costará.
—Hay que recordar que gracias a la espada aquella tenemos un millón de euros en el banco, de recompensa— recordó Dani. La espada había pertenecido a los romanos y era una reliquia del museo, hasta que alguien la robó. Fue en concreto Dani quien la encontró, cuando fue encerrado en la Catacumba Perdida junto con Jorge, Raúl y Pedro Rubio. La recompensa por devolverla era de un millón de euros, cifra nada despreciable.
—Yo pasaba todo el día en el parque acuático que hay aquí al lado, y luego alquilamos un autobús y a casa— dijo Dani.
—Te recuerdo que hemos venido a ver el castillo, no lo olvides— le dijo don Antonio.
—Bueno, vale. Entremos al castillo. En fin, la vida es dura— se resignó Dani. Entraron todos al castillo de nuevo y avanzaron por los pasillos.
—Esto cansa, es muy grande— Dani volvía a las andadas...
—Te he dicho antes que nadie te obligaba a venirte— le dijo Javi—. Ahora te aguantas.
Estaban en un enorme salón. En las paredes colgaban varios tapices que se mantenían en buen estado. Dani avanzó hacia uno, lo tocó y nada más hacerlo, el tapiz se vino al suelo.
—¿Qué has hecho?— exclamó Jorge.
Dani no miraba el tapiz. Miraba un agujero tras la pared. Dentro del mismo había una pequeña palanca. Dani la apretó y se abrió una cavidad en la pared.
—Dani... te has cargado el tapiz, pero aquí dentro hay cosas magníficas— Javi había entrado—. Fíjate. Dinero, joyas, relojes valiosísimos. Un escondite perfecto para todo esto, ¿no crees?
Dani no contestó. Se había quedado con la boca abierta. Don Antonio sugirió llamar a la policía, que llegó enseguida.
—Muy bien— dijo el inspector—. Así que esos chorizos escondían aquí todo lo que se han llevado en estos últimos tres días.
—¿Tres días? Venga, hombre, no me haga reír— dijo Lucas.
—Tres días. Claro que con un arsenal de armas como tiene esa maldita organización...
—¿Organización? Pero si sólo eran dos. ¡Y los pillamos aquí con las manos en la masa! Incluso nos apuntaron con una pistola— se lanzó Palacios.
—Tú lo has dicho. Dos. Dos docenas, se entiende. Y no hay quien haya podido atraparlos. Siempre que cogemos a alguno, resulta que al día siguiente no está porque le ayudan a escaparse. Malditos gil...
—Bueno, no es para ponerse así— intentó calmarle Prefasi—. Los cogemos y vigilamos su celda día y noche hasta que pillemos a toda la tropa, ¿vale? No sabrá cuándo es la próxima reunión y dónde...
—Sí— afirmó el inspector—. Este castillo, esa cámara. Sé que la próxima reunión será esta tarde. Me encanta enterarme de todopor la informática moderna, los altavoces de los ordenadores y un micrófono bien instalado.
—Bien, mañana Juan, Carlos, Pedreño, Adrián, David y yo, los que hagan falta, estaremos aquí para pillar su próximo truco— propuso Palacios.
—Tú sabrás lo que tienes que hacer— le dijo Javi—. Yo no digo nada pero sois muy pocos...
—Da lo mismo. Esos tipos ruines, oscuros y perversos caerán dentro de una mazmorra en la cárcel llena de ratas que se les coman los calcetines— Juan Salas habló en un tono muy duro.
—¿Calcetines?— preguntó Pedreño—. ¿Por qué?
—Porque huelen a quesos, hombre. Anda que estás tú para vigilar.
—Bien, nosotros esperaremos fuera—dijo Prefasi.
—Y nosotros estaremos al volver la esquina del primer pasillo— continuó Jorge—. Si os parece bien.
—Otra banda que va a caer. Me encanta...— Juan Salas se frotó las manos.
—Puede ocurrir que nos pesquen— dijo Javi.
—Eso no va a pasar— contestó Palacios—. Todo estará bien calculado.
—Bien— aprobó Javi—. Estás al mando de la operación. Esto ha sido “tu” idea...
—Perfecto. Nosotros estaremos escondidos al lado del tapiz esperando a que salgan los de dentro, para echarles el guante. Luego, los demás os escondéis en sitios estratégicos.
—Está bien, no escaparán—dijo Juan—. Todo listo, Palacios sorprende al mundo con sus planes.
—Mejor preocupémonos de que esos tíos no nos sorprendan a nosotros metiendo las narices en sus asuntos— dijo Palacios—. La reunión está al caer, no quiero fallos.
—Si algo sale mal tú tienes la culpa— le dijo Carlos Gallego—. Estoy harto de pequeños errores de cálculo.

2.
La reunión ultrasecreta.

A la hora prevista, todos se ocultaron fuera del castillo. Cada uno se situó en un lugar diferente para no ser descubierto. Eran las siete de la tarde, hora punta. El grupo de ladrones comenzó a llegar en el autobús que habían robado. Todos bajaron y entraron al castillo. El grupo de Palacios se hallaba oculto dentro, en otro pasillo. Cuando toda la banda entró en el cuarto oculto por el tapiz, Palacios y su grupo completo se plantó frente a él. Cada uno sacó su pistola de dardos - somnífero, que tan buenos resultados habían dado en otras ocasiones. Los dardos inyectaban un líquido somnífero que dejaban durmiendo a quien lo recibía, al menos doce horas. Media hora más tarde los de dentro salieron y Palacios les dio la bienvenida.
—Buenas tardes, panda de indeseables...
—Vaya, vaya, ¡pero si eres tú!— exclamó el jefe de la banda. Palacios se quedó atónito...—. Parece que tenemos compañía.
—¡Tú lo has dicho!— exclamó Palacios—. Estáis todos...
—Qué tipo más gracioso, jefe... grande y gordo como un gran oso de peluche...— decía otro.
—Os estáis buscando un lío— dijo Palacios.
—No. Os lo estáis buscando vosotros, metomentodos. ¡Entrad ya!— bramó el jefe de la banda.
Un grupo de treinta personas entró en tromba al castillo.
—Me parece que habéis venido al lugar equivocado...— dijo el jefe.
En ese momento todo el CDM saltó de sus escondites.
—¡Que no se mueva nadie!— bramó Pedro Rubio.
—Siempre tiene que hablar el académico— gruño Prefasi.
Todos se vieron de inmediato rodeados de gente apuntándoles con revólveres.
—¿Nunca te ha dicho nadie que hay que estar callado en estas situaciones?— le espetó Prefasi.
—Podéis callaros, sí— dijo el jefe—. Porque inmediatamente vais a ser encerrados en esa cámara. Una vez ahí os propondré una alternativa para liberaros. Andando.
Todo el CDM fue conducido al interior de la habitación secreta. Una vez allí el jefe de la banda escogió a uno de los grupos del club.
—Bien, veamos— dijo. Señaló a Jorge—. Tú, y tu grupo. Tendréis en vuestra mano la posibilidad de liberar a vuestros compañeros.
—¿Cómo?— preguntó Jorge.
—Tendréis que pasar por una serie de cinco sencillos desafíos...
—¿Qué tipo de desafíos?— interrumpió Jorge.
—No será muy difícil, ya que sois tan valientes, tan...
—¡Corta el rollo y ve al grano!— exclamó Palacios.
—Bien, Arnold— le dijo el jefe de la banda—. Lo que tenéis que hacer es simple. Cinco sencillos casos (al menos eso le dijimos a los anteriores, de los cuales cinco quedaron vivos). ¿Quién forma tu grupo?
—Javi, Dani, Lucas, Raúl, Pedro Rubio y yo...
—Muertos de miedo, ¿eh? Pues esto no es nada. Lo que queremos es simple.
—¡Bueno, quiero que nos lo digas antes de que yo vaya a la Galaxia Andrómeda andando y vuelva!— bramó Palacios, de nuevo.
—Bueno, está bien— dijo el jefe—. Tú no pintas nada, cierra el pico.
—Lo que voy a cerrar es tu cabeza después de abrirla...
—Bien. Una serie de cinco pruebas que os darán la libertad o...— el jefe se pasó el dedo índice por la garganta—. Así que empleaos a fondo.
—Bien— dijo Dani—. Pues vamos al lugar del pequeño desafío apestoso.
—Es para hoy— siguió Javi—. ¿Y si no lo conseguimos?
—Os pudriréis todos en la mazmorra— contestó el jefe—. Seguidme...
El grupo siguió al jefe hasta el exterior del castillo. Los demás quedaron vigilados. Dani, Jorge, Javi, Lucas, Raúl y Pedro siguieron a aquel tipo hasta el parque temático.
—Ahí dentro es el primero de los cinco desafíos— señaló el jefe— que tendréis que superar.
—¿Esa pequeña cosa?— preguntó Lucas, muerto de risa.
—Cuando comiencen a suceder cosas ya lo veréis. Tenéis que atrapar, cosa que no sucederá nunca, a alguien que comenzará a sabotear todo, de arriba abajo.
—¿Quién, exactamente?— preguntó Jorge.
—Eso es lo que tenéis que averiguar. Volveré... Espero que tengáis mala suerte.
—Gracias, Su Apestosa Excelencia— le respondió Dani—. Qué tío más borde.
—Eso ya lo sé— le dijo Javi—. ¿A qué sabotajes se referirá?
En ese momento se oyó una voz.
—Atención, por favor. El mecánico más próximo, acuda a la Lanzadera.
—¿Qué pasa en la Lanzadera?— preguntó Dani, mirando la atracción. Era una torre vertical de cincuenta metros de altura. Los vagones eran subidos y se dejaban caer libremente hacia abajo. Pero en esta ocasión los vagones estaban arriba, atrapados, sin caer. Mientras que el grupo urdía un plan para resolver aquello, Palacios intentaba sonsacar a la banda dónde habían escondido lo robado.
—En realidad— dijo el jefe—, está en algún lugar de esta habitación, pero sois demasiado bobos para encontrarlo.
—Desde luego— Palacios se dirigió a Juan en voz baja—, he visto cretinos en mi vida, pero éste deja a los demás por los suelos...

En el parque, el grupo del CDM se dirigía a la cabina de control. No había señales de nadie. Los guardias de seguridad hacían lo imposible por evitar una catástrofe.
—¿Ocurre algo malo?— Dani se acercó a uno y le preguntó.
—¿No lo veis o qué? ¡Es la ruina! La Lanzadera allá arriba, con cincuenta personas desesperadas, la montaña rusa bloqueada a mitad de subida, los rápidos sin corriente y los vagones atascados a mitad del río, y las cataratas no tienen agua, sino whisky mezclado con soda, ¡y LO PEOR DE TODO ES QUE VAN A DESPEDIRME!— al decir esto el guardia cogió a Jorge y lo zarandeó de un lado a otro.
—¿Y qué hay de la atracción del laberinto del minotauro?— preguntó Lucas.
—Oh, no... los monstruos de la atracción... se han salido y están asustando a todo el mundo. ¡La ruina, la ruina! Deberíais echar un vistazo por allí...
—Vamos, pues, a darles una tunda a los monstruos— Javi se dirigió hacia esa atracción, seguido de los demás.
—No se preocupe, señor guardia de seguridad social— dijo Dani—, en breves años tendremos controlada la situación.
El guardia se llevó las manos a la cabeza y se fue, desesperado...












3.
El desafío del parque temático.

El CDM se dirigó a la atracción del laberinto del minotauro. Empezaron a colarse, ante las protestas de la gente que aún hacía cola.
—Eh, ¡vosotros! A la cola, como todo el mundo
—Somos del CDM, dejen paso— decía Pedro—. Nosotros detuvimos al Ahorcado y al Gran Jefe Cartaginés, el de la espada robada...
—Cuentista— dijo un tipo con pinta de chulo, cerrando el paso a Pedro—. Por aquí no entra nadie, ¡a la cola, venga!
—Se lo voy a decir. Déjennos pasar ahora mismo— le advirtió Pedro.
—Que te deje la vaca de tu madre— le dijo el tipo.
Pedro se enfureció, y de improviso le cogió el brazo y le dio media vuelta, dejándole la muñeca torcida hacia el techo.
—¿Podemos pasar, señor chulo?— preguntó.
—No. A la cola.
—Es uno de ellos— dijo Pedro—. Estoy seguro. No se habría puesto así si no fuera su compinche...
—¿De qué hablas?
—¡Vamos, habla!— Pedro le retorció la mano y el tipo soltó un grito de dolor—. ¡Venga!
—Vale, vale, habéis ganado...— dijo el tipo. Pedro le soltó, pero apenas le había dejado cuando un pie le alcanzó en todo el pecho. Raúl sacó la pistola de dardos y apuntó al tipo.
—Dame tu carné de identidad y todos tus papeles ya— dijo.
—Muérete...
Raúl disparó sin miramientos y el tipo cayó redondo al suelo. Sacó la documentación y leyó.
—Qué cosas que pone aquí. Mirad, en este papel pone que es miembro oficial de la BCN...
—Será idiota. ¿La BCN?— preguntó Lucas.
—Sí. Banda de la Cruz Negra. Ese es su símbolo. Y el símbolo del anillo que tenía el tipo que atrapó a los demás. Esos tíos han estado robando toda la ciudad de una forma increíble. Son imparables.
—Raúl, eres un fenómeno— dijo Javi—. Vamos dentro.
Sin más impedimentos, pasaron al túnel del laberinto, no sin antes desactivar la atracción. Una vez que entraron siguieron el camino. Cuando doblaron una curva a la derecha, dos tipos les salieron al paso delante de ellos. Iban armados con cuchillos.
—Pudriros ya— dijo uno, adelantándose y blandiendo su arma contra Jorge. Éste se apartó y Lucas alcanzó al hombre con una patada en el trasero. El otro atacó a Javi, que se apartó, le cogió el brazo que llevaba el cuchillo y le desarmó. Acto seguido lo lanzó contra el suelo. Dani miraba murmurando entre dientes su frase preferida: “Qué peste...”. Una vez reducidos los dos tipos, el grupo siguió adelante. No sabían que sería lo próximo a lo que se enfrentarían.
—Menos mal que esos bichos que hay colgados del techo son de mentira— comentó Javi—. Dan escalofríos.
Apenas había dicho eso cuando un montón de figuras colgadas en el techo se les vinieron encima.
—¿Pero qué pasa? ¡Se supone que esto ocurre sólo cuando hay algún vagón pasando!— exclamó Jorge, al tiempo que se tiraba al suelo.
Un montón de figuras colgadas del techo. Se desplazaron hasta el suelo y comenzaron a andar hasta el grupo.
—Me he cansado de estos pajarracos— dijo Raúl, y le dio una patada a uno, lanzándolo contra la pared. Todos lo imitaron y en pocos minutos ya no había más pájaros persiguéndolos. Anduvieron unos pocos metros más y llegaron a un lugar en el que la atracción era más oscura. Oyeron ruidos... siguieron caminando y vieron ante ellos diez centauros furiosos que corrían hacia ellos.
—¡Esto no forma parte de la atracción!— protestó Dani, apretándose contra la pared—. Ya estoy harto. Primero aves fénix o lo que quiera que fueran. Ahora centauros. ¿Qué serán después? ¿Unicornios furiosos, cirenas sin cola, hipogrifos sin garras? ¡Me estoy cansando!— sacó la pistola y se puso a disparar contra los centauros. Pareció dar buen resultado, porque aunque los monstruos eran mecánicos, el líquido somnífero pareció adormecerlos.
—Vaya— dijo Dani—. Debe ser que el líquido penetra entre los sistemas y los bloquea...
—Sigamos. El tipo idiota ese que manipula los controles tiene que estar por aquí. De otro modo yo no sé dónde porras se escondería— dijo Javi. Siguieron andando. Y no llevaban ni cincuenta pasos cuando otros dos tipos les salieron al paso. Iban armados con pistolas. Javi y Raúl dispararon un dardo a cada uno.
—Lo que nos faltaba, tener que soportar a dos pelmazos con una escopeta más grande que el cerebro de Dani...
—Cállate— le dijo éste. Siguieron caminado y apareció una figura al fondo.
—Vaya, habéis conseguido llegar a la mitad del laberinto— les dijo—. Yo soy el que os ha estado preparando todo esto.
—Sí, claro. Encantado de conocerte— dijo Lucas—. ¿Por qué no das la cara?
—Muy buenas...—el hombre se adelantó. El grupo del CDM se quedó con la boca abierta.
—No puede ser...— balbuceó Javi.
—Sí puede ser— dijo el tipo, sacando dos cuerdas.
—¡El Ahorcado!— exclamó Javi, disparando. El dardo rebotó.
—Llevo una fuerte protección en todo el cuerpo contra vuestros dardos ridículos— dijo. Lanzó una cuerda contra Lucas y otra contra Dani, agarrándolos a ambos.
—Bien, ¡entonces te vas a enterar!— Javi avanzó hacia él. El Ahorcado le dio una patada, o al menos lo intentó porque Javi la esquivó. Raúl sacó una navaja de bolsillo y cortó las cuerdas que tenían medio asfixiados a Dani y a Lucas. El enmascarado no se preocupó, sacó más cuerdas y agarró al mismo tiempo a Raúl, Dani, Javi y Lucas por el cuello. Los dejó amarrados a un centauro, que por suerte ya estaba quieto sin moverse, y sacó un mando. Apretó un botón. Inmediatamente una manada de hipogrifos furiosos apareció allí.
—Esto es lo que hay al final de la atracción antes de que aparezca lo definitivo— dijo el Ahorcado. Lucas intentó soltar las cuerdas, pero no pudo. Raúl le lanzó la navaja; Lucas la cogió y cortó. Todos salieron corriendo hasta el final.
—Oh, no podéis hacer eso— el Ahorcado meneó la cabeza—. Huir es de cobardes...— y apretó otro botón. En la salida del túnel apareció un gigantesco minotauro.
—Estamos arreglados— dijo Pedro.
—¡No!— bramó Dani, disparando los dardos que quedaban contra el minotauro. Éste avanzó hacia ellos mientras los hipogrifos se acercaban por el otro lado.
—¡Apartaos, contra la pared!— exclamó Javi. Todos se pegaron a la pared y avanzaron hacia el lado del que habían venido los hipogrifos, de los cuales quedaban unos cuantos solamente, ya que Jorge había vaciado medio cargador de somnífero en ellos. Pasaron sorteando los monstruos, pero una soga volvió a agarrarles.
—Este estúpido me tiene hasta las narcies— dijo Javi. El Ahorcado se acercó, y Javi le dio una patada donde solía doler más. El enmascarado se rió.
—Creo que mi protección anti - dardos sirve para proteger otras cosas...
—Te reirás menos dentro de cinco minutos—dijo Javi, dándole una patada y tirándolo de espaldas—. No te haré daño, pero al suelo sí te puedo tirar.
En ese momento los hipogrifos y el minotauro volvían.
—Yo me voy— dijo el Ahorcado, desapareciendo por la vía de la atracción.
—Hay que apartarse— dijo Jorge—. Contra la pared...— los hipogrifos volvieron a pasar de largo. Una vez en la pared se libraron de la cuerda. Volvieron sobre sus pasos y salieron de allí. Vieron al Ahorcado afuera apretando los botones de un mando. Javi le tocó el hombro. El Ahorcado se volvió y lo único que vio antes de caer inconsciente fue un codo que le golpeó en la cara.
—Arreglado—Javi cogió el mando y lo destrozó contra la pared, haciendo así que el parque pudiera volver a funcionar como antes.

4.
Vuelta a Cartagena.

Una vez resuelto el problema del parque, el CDM volvió al castillo. Cuando entraron en el lugar donde estaban todos prisioneros, encontraron a Juan Salas jugando una partida a las cartas con el jefe de la banda.
—¡Te he vuelto a ganar! Vaya un tío malo que estás hecho...
—Te digo que te ganaré alguna vez— le dijo el jefe—. Te ganaré...
—Bueno, ¿dejamos el cachondeíto? ¿Alguien nos va a atender?— preguntaba Lucas, y todos le miraron.
—Ah, ya veo que el plan del Laberinto no ha funcionado. Debí poner más trampas...
—¿Más trampas dices, desgraciado? ¡Los tipos armados que nos salieron, los bichos mitológicos y fantásticos de la porra, un minotauro más grande que un tiranosaurio y el Sogas al Cuello! ¿Te parece poco? ¿Te parece divertido, verdad?— bramó Dani.
—Lo cierto es— dijo el jefe de la banda— que para nuestro segundo desafío debemos ir a vuestra ciudad. Iremos a Cartagena, todos pasaréis la noche en el colegio, y el que intente escaparse... bueno, no lo contará.
—Conmovedor— dijo Juan—. ¿Otra partida?
—Paso— le respondió el jefe—. La próxima vez jugaré con otro...
—¿Por qué no jugamos un partido de balonmano? Es bueno hacer ejercicio— propuso Pedro Rubio.
—¡Oh, callaos de una vez! En cuanto llegue el autobús nos vamos a Cartagena. Los setenta y nuestra banda.
—¿Y cuál será la siguiente tontería que tendremos que hacer?— preguntó Lucas, riéndose—. ¿Trepar a una higuera? ¿Comprar un caramelo de naranja en el kiosco de la esquina?
—Lo sabréis a su debido tiempo—dijo el jefe—. Llega el autobús. Vamos, señores. Ustedes también, profesores.
Don Enrique pasó por su lado.
—Es usted un ser despreciable, señor Durán. Me esperaba mucho más de usted—le dijo, lentamente, acentuando las eses marcadamente.
—Como les pase algo a los alumnos, yo...— empezó don Antonio, pero le cortaron.
—Usted irá a la cárcel acusado de asesinato o intento del mismo y yo presentaré las pruebas— dijo el jefe, dando muestras de que lo tenía todo bien atado.
Una vez en el autobús, todos se sintieron completamente desesperados.
Hay que escapar de aquí dijo Lucas, sentado al lado de Pedro. Tenemos que hacer algo.
No sé yo qué hacersuspiró Pedro, desalentado. Si intentamos escapar el tipo este es capaz de encontrarnos y tirarnos dentro de un volcán en erupción.
El autobús avanzaba por la autopista de Cartagena, lentamente. Una vez que llegaron, a las siete de la tarde aproximadamente, la clase de cuarto C fue liberada. La de cuarto D fue encerrada en el salón de actos del colegio. Los tipos de la banda cerraron todos los accesos posibles y encerraron también a los dos profesores.
Me encantadijo el cabecilla de la banda. Ahora mismo el grupo que debe realizar mañana el segundo paso hacia vuestra perdición (porque de ésta no salís) va a irse cada uno a su casa, a descansar y a reponer fuerzas.
Menos maldijo Javi. Ya me estaba cansando de veros la jeta…
¿También el Sogas al Cuello era de vuestra banda? preguntó Dani. Porque no apetece nada ir con unos veinteañeors que van robando todo lo que pillan.
Hay muchas cosas de mí que no sabéis dijo el jefe, y sus ojos relampaguearon. Podéis iros. Y ya sabéis que como no aparezcáis mañana, tiramos a vuestros compañeros a un volcán en erupción.
Qué te dije antes… si es que soy un fenómenomurmuró Pedro, dándole un disimulado codazo a Lucas.
Javi fue hacia la parada de autobús  con sus compañeros. Estuvieron hablando del tema hasta que el autobús llegó. Javi se subió en él y les dijo, despidiéndose:
Acordaos de llevar mañana las pistolas de dardos. Pueden hacer falta.
Espero que no volvamos mañana a la maldita Catacumba Perdidamusitó Dani. Hasta mañana.

***             ***            ***            **             ***            ***

Amaneció el día siguiente. Javi llegó a las ocho al colegio y de inmediato buscó a sus compañeros. Todos estaban en clase. Javi llamó a la puerta. El jefe de la banda abrió.
¿Qué pasa aquí? preguntó Javi, mosqueado.
No os ibais a quedar sin clases por nuestra culpa, así que vais a estar aquí continuando con vuestros estudios al margen de todo este asunto.
Qué considerado…murmuró un irónico Javi, ocupando su sitio en primera fila, justo delante de Lucas y Pedro. Bien, si te empeñas será por algo.
Buenos días, Javisaludó Lucas.
Buenos serán para ti, que estás seguro de que no te va a comer un tigre enormele contestó Javi.
Bueno, si te ataca un tigre siempre puedes ponerle a Pally de cebo para que se lo coma a él y…
Oh, cállate le contestó Pally, sentado justo detrás de Lucas, dándole un puñetazo en el hombro.
A clase entró el profesor de Lengua y Literatura, don Constancio Crespo. Cuando vio a aquel tipo al lado de la puerta cerrándola con llave no pudo reprimir un gesto de fastidio.
¡Tú!
¿Sorprendido, don Constancio?
¿Qué haces aquí?
A usted no le importa. Dé la clase como si yo no estuviera aquíle contestó el jefe de la BCN.
No quiero un ayudenta y menos a ti, así que sal de esta clase yale ordenó don Constancio.
En finsuspiró Javi, va a ser una mañana muuuy larga…
Don Constancio no fue el único que se quejó de aquel tipo pesado. También el hermano don Carlos de la Vega, don Antonio y otros estaban deseperados. Lo que no pasó inadvertido para Javi es que todos los profesores parecían conocerle.

5
El segundo desafío del CDM.

El CDM fue nuevamente encerrado por el cabecilla de la banda. Únicamente el grupo que estaba intentando liberar a sus compañeros por medio de la realización de los cinco desafíos quedó fuera.
Biendijo el jefe. Veo que estáis vivos. Dentro de poco no estaréis sobre la faz de la Tierra.
Corta el rollo, ¿quieres? Y dinos cuál es la segunda chorrada que hay que hacerexigió Lucas.
Vosotros lo llamáis chorrada, pero yo no estoy tan segurole contestó el jefe, y comenzó su rollo de nuevo. Parece ser que las quejas de los vecinos de la ciudad en cierto barrio de la misma se acrecientan día a día. ¿Por qué? Fácil: una banda callejera que no para de hacerles la vida imposible. Organizan botellones, trafican con drogas y demás historias. Los vecinos han denunciado el caso varias veces, aunque la policía no está muy dispuesta a intervenir.
Y nosotros tenemos que quitarte de en medio a esos pestosos para que vosotros tengáis vía libre allíadivinó Dani.
Muy bien, Roblesexclamó el jefe de la BCN. Si no lo conseguís… bueno, creo que alguno de vuestros compañeros sufrirá mucho.
Vale, dinos dónde es y te los traemos a todos dijo Javi.
Al lado del conservatorio de música. Por lo que he oído, preparan un pequeño asalto al mismo. Odian la música clásica, no la aguantan.
No me sorprende…murmuró Javi.
Enseguida volvemos, Manoletele dijo Dani.
El grupo, formado por Javi, Dani, Lucas, Raúl y Pedro, se dirigió hacia el conservatorio. Vacío. Llegaron a una pista de fútbol sala.
Vaya, parece que hay peleaobservó Pedro. En el campo había un grupo de unas veinte personas. Parecía que una docena tenía al resto a su merced. La banda, indudablemente.
Vamos a poner paz Raúl se adelantó y los demás le siguieron. Lucas gritó:
¿Qué pasa aquí?
Pues pasa que… empezó un chico, en tono amistoso, pero lo cortó otro dándole un bofetón.
¡Nuestra palabra es ley! gritó. He dicho que aquí no se juega, Y AQUÍ NO SE JUEGA!
Con que tú eres el chulo de la banda, ¿eh? Pedro se le encaró.
Buscando líos tan temprano… Lo nuestro es grave dijo Javi.
Deberíamos haber traído el botiquíncontestó Dani.
Bien, amigo, explícanos lo que pasaLucas le preguntó al que había recibido el bofetón.
Quieren echarnos de aquíle explicó.
A Lucas se le encaró el mismo chulo de antes.
¿Qué pasa, quieres que te dé una leche?
Sí, sí, con galletas, por favorle contestó Lucas, sin hacerle casi ni caso y en un tono más bien despreciable.
El chuleta lanzó un puño, pero Lucas se apartó, cogió el puño y se lo retorció.
Se nota que eres valiente, ¿eh? le dijo, retorciéndole aún más el puño.
Suéltalo dijo otro de la banda, sacando una pistola.
No nos harás creer que ese cacharro está cargado, ¿verdad? preguntó Javi, riéndose.
¿Que no? ¡Mira! gritó el otro, y disparó al aire. Momento que Javi aprovechó para entrar con el pie por delante, derribarlo y dispararle un dardo.
Pues sídijo. Estaba cargada…
Ya hay dos fuera de combate. Sólo quedan seis. Y no están de buen humor observó Jorge.
Bueno, vale. Me tenéis hasta las narices declaró Pedro. Y le soltó un puñetazo en la cara a uno. Inmediatamente se desató la pelea. Discretamente, el CDM se fue retirando hasta que la banda del barrio fue prácticamente deshecha por los chicos del campo de fútbol sala. Sentados en un banco, los cinco miraban atentamente aquello.
El dulce olor de la victoria. suspiró Jorge,
¿Qué dices? le preguntó Dani. Cada día estás peor, Gúrgumel.
¡Te he dicho un millón de veces que no me llames así! gritó Jorge, enfadado. En ese momento un coche paró allí mismo y de su interior bajó un hombre joven, no con pinta de ejecutivo ni de estudiante de universidad, precisamente, y vio a la banda por el suelo.
¿Quién ha hecho esto? preguntó, amenazante. Nadie contestó. El CDM miraba aquello. ¿Quién diablos era aquel tipo? El hombre sacó una pistola y formuló su pregunta de nuevo.
He preguntado que quién ha hecho esto.
Nosotrosdijo Pedro Rubio.
¿Vosotros? el hombre se dirigió hacia ellos, pistola en mano. Entonces tenéis un gran problema. Os venís con nosotros.
Agarró a Javi del cuello de la camiseta, pero con una rápida técnica éste se soltó.
Yo no voy a ninguna partedijo Javi. Y ellos, tampoco.
Sois una nueva banda, ¿no? Interesanteel hombre continuó allí apuntándoles con la pistola, sin moverse del sitio. ¡HE DICHO QUE OS VENÍS CONMIGO! volvió a agarrar a Javi, esta vez más fuerte que la anterior y zarandeándole. Javi se volvió a soltar, le pegó un rápido manotazo a la pistola, que salió volando, y de una patada en el pecho que nadie vio venir le tiró al suelo. Entonces del coche se bajaron otros dos tipos. Los chicos del campo de fútbol miraban aquello, aterrados.
¡Ahora estáis muertos! gritó uno de ellos. No debiste haber hecho eso.
¡Ja! exclamó Javi. Sacad vuestras armas.
Los dos tipos del coche sacaron sendas ametralladoras y apuntaron a los del CDM.
Pues ahora estamos listos…murmuró Lucas.
El grupo del CDM se encontró rodeado y los cinco fueron conducidos a un almacén. Los encerraron allí.
Pues qué bienJavi se enfadó y dio una patada a la puerta. Ya estamos metidos en otro lío. Malditas bandas de la porra dio otra patada a la puerta, pero lo único que logró fue hacerse daño en el pie.
Hay que salir de aquí, esto es una angustiadecía Dani.
No me digas…Lucas intentaba alcanzar alguna ventana, pero estaban demasiado altas. Pedro dio un empujón a la puerta.
Parece que han puesto toneladas de peso ahí detrásdijo. Es imposible salir de este agujero.
¿Agujero? ¿Podemos hacer un agujero en la pared? Es metal viejo y oxidado…sugirió Raúl.
Oxidado tienes tú el cerebro le espetó Javi. ¿Cómo ibas a hacerlo? En fin Raúl se sentó en el suelo, creo que llamaré a…
¿A Palacios? ¿A Prefasi? Están encerrados, recuerdadijo Pedro. Y les han quitado los comunicadores.
Iba a llamar a mi amigo José Antonio. Vendrá y nos sacará de aquí discretamente…
Ah, muy biendijo Dani. Y mientras llega me muero de hambre y tengo ganas de ir al servicio.
­¿Militar? preguntó Jorge.
Muy gracioso…
Javi movió la cabeza y llamó a José Antonio Díaz, amigo y compañero de su clase de karate, quien se puso enseguida en camino. Le había detallado exactamente la ubicación del almacén, así que no tuvo problemas para encontrarlo. Cuando llegó, no pudo evitar hacerse una pregunta. ¿Cómo entrar? Todos los accesos estaban controlados.
6.
El rescate y el tercer desafío.

Había varios miembros de aquella banda de matones vigilando por delante y por detrás. José Antonio iba bordeando la pared, pistola de dardos en mano, por si se daba el caso en el que fuera necesario disparar. Avanzó unos metros hacia la esquina. La puerta estaba a la vuelta. Se asomó cautelosamente. En la puerta había dos tipos. José Antonio se apostó tras la esquina, y se puso a pensar. ¿Cómo pasar? Del suelo cogió una piedrecita pequeña y se la lanzó encima a uno de los vigilantes. Éste notó el pequeño impacto y miró hacia el lado del que había venido. Dejó la puerta y fue hacia la esquina donde estaba José Antonio. Cuando el tipo dobló la esquina, vio una mole de dos metros que se lanzaba sobre él y le dejaba inconsciente. El compañero oyó el escándalo y fue a ver lo que pasaba, con idéntico resultado. José Antonio se ocupó de él de la misma manera. Sin más peligro, José Antonio entró al almacén por la puerta ahora desguarnecida. Empezó a buscar al grupo que estaba encerrado. No tardó demasiado. Rápidamente descorrió los cerrojos de la puerta y les sacó de allí. Todavía dentro del almacén, Jorge tropezó con algo. Una caja pequeña.
¡Ay! se quejó. Miró la caja. Maldita cosa asquerosa… dijo, y le dio una patada, volcando su contenido en el suelo.
¿Qué es eso? preguntó Dani, mirando lo que había caído. Bolsitas con polvo blanco.
Si no me equivoco eso es droga. Esta banda trafica con drogas. Eso es muy gordo…observó Lucas.
Pedro cogió una de las bolsitas y José Antonio sacó fotos al arsenal de droga. Salieron del almacén. Pero allí fuera estaba toda la banda esperándoles.
Os habéis escapadodijo el jefe.
No me digas…murmuró Lucas.
No me gusta que mis prisioneros se escapencontinuó el jefe.
A mí tampoco me gusta que se me escape el autobús, y me jorobole soltó Javi.
No me gusta que se rían de mí de esa formasiguió el jefe.
¿Qué te gusta entonces? ¿La comida china? se burló Dani.
¡Me gusta dar palizas! ¡Matadles! gritó el jefe. Javi le soltó a uno un patadón en el esternón y un codazo en la cara. José Antonio le dio a otro tal puñetazo que le sacó la nariz por el cogote. Dani y Raúl se liaron a dardazos. Lucas se lanzó sobre otro, gritando como Tarzán y derribándolo. La banda acabó en comisaría.
Muy buenas, inspectorsaludó Pedro. Hemos cogido a unos chorizos que le interesarán.
Ya veodijo el inspector, pero es sólo una banda que se dedica a hacr el gamberro y nosotros no podemos…
Señor inspectorinterrumpió Dani, creo que hay algo más aparte de hacer el gamberro.
Mire estoPedro sacó la bolsita con droga. José Antonio le mostró las fotos hechas con el móvil.
Jodermurmuró el inspector.
Como puede ver, tienen un arsenal en un almacén explicó Pedro.
Ya veo. Bien, creo que pasarán una temporada a la sombra. Cada vez sois mejores…
No se crea, en el colegio…empezó Lucas, pero Javi le dio un codazo. Le miró directamente a los ojos. Negó con la cabeza.
¿En el colegio… qué? preguntó el inspector.
Nada. Son cosas nuestrasdijo Lucas, que miró a Javi.
Bueno, ya he terminado yo, ¿no? preguntó José Antonio.
dijo Javi. Has terminado. Ahora nos vamos, inspector. Tenemos que resolver un asunto.
Y el grupo del CDM volvió al colegio, donde, en el salón de actos, la BCN esperaba. Dani habló a su jefe.
Los macarras están en la cárcel. Puedes ir a comprobarlo cuando quieras. Aunque no te lo aconsejo, su desodorante es insoportable, sencillamente.
¿Y a mí qué me importa? inquirió el jefe de la BCN. El caso es que vais bien. Demasiado bien. Pero en el tercer desafío no participaréis vosotros.
¿En qué va a consistir la tercera chorrada? preguntó Jorge. ¿En comprar un periódico?
No exactamentedijo el jefe de la BCN. Alguno de vuestro club está en peligro de ser encerrado en los lugares más lóbregos de la Catacumba Perdida. Os acordáis de ella, ¿verdad? Si falla una sola de las veinte preguntas que le voy a formular, será encerrado. Y entonces aparece el desafío que no está en la lista: liberarlo si tenéis lo que hay que tener.
Veinte preguntasmurmuró Juan Salas. Interesante.
El tercer desafío consiste en responder las preguntas, entoncesdijo Palacios. Y si se falla una pregunta, encerrón y el grupo de Javi le libera, ¿no?
Así de simplecontestó el jefe. ¿Quién es el voluntario para las preguntas? Son fáciles… si habéis estudiado, claro…
Seguro que son una chorradadijo Palacios, riéndose.
Palacios… no estarás pensando en…empezó Juan, pero Palacios le cortó.
Sí, voy a contestar esas veinte tonterías y una cosa menos.
Si no sabes alguna te la soplamos…murmuró Javi.
Creo que no hará faltaPalacios miró al jefe de la BCN desafiante.
Todos subieron a la clase y se sentaron en sus pupitres, mientras Palacios se ponía en pie enfrente de la pizarra. Don Constancio y don Antonio miraban expectantes. Y la ronda de preguntas empezó.

7. No es un examen.

Pregunta primeradijo el jefe de la BCN, sacando un papel. ¿Qué presidente de los Estados Unidos de América lanzó la bomba atómica sobre Hiro…?
Harry S. Truman contestó Palacios, sin vacilar, antes de que terminara de formular la pregunta.
Veo que eres duro de pelarcomentó el jefe de la banda, poniendo un palo en la pizarra como señal de respuesta válida. Pero quedan diecinueve aún.
Un murmurllo se podía escuchar en la clase. Voces de “lo conseguirá”, o “no lo conseguirá”, o “qué peste” (lógicamente, Dani).
Pregunta segundael jefe de a BCN leyó. ¿Quién aplicó la política económica llamada New Deal?
¿Te digo el nombre completo, con apellidos y todo, o…=
¡Contesta, porras! bramó el jefe.
Franklin Delano Rooseveltdijo Palacios, como una flecha.
Correctoel jefe puso cara de vinagre. Pero de aquí no pasas. Veamos. ¿Qué bandera roja y naranja con una banda diagonal blanca tiene el dibujo de un dragón en el centro?
¿Puedo pedir ayuda? preguntó Palacios. Es que no estoy seguro de la respuesta.
No puedes pedir ayuda, esto es muy serio.
Son sólo cinco segundos.
Como tardes más de cinco segundos, te mato.
Vale. ¿Es de Buthán, Javi? Javi conocía a la perfección casi todas las banderas del mundo, o al menos así era cuando tenía cuatro años. Javi asintió.
Butháncontestó Palacios.
El jefe de la BCN se tiraba de los pelos. Don Antonio y don Constancio se partían de la risa.
Este Sonsi es la lechedecía don Antonio.
Profesor…exclamó Palacios, molesto. Lo de Sonsi se lo había inventado don Antonio. Palacios era muy sonso, o lo que se veía a simple vista, alguien en quien confiar y buena persona, pero, decía el profesor, cuando menos se lo espera uno, te la juega.
Pregunta cuartadijo lentamente, el jefe. ¿Cuántos americanos murieron en la guerra de Cuba de 1898?
Unocontestó Palacios, y porque le dio un infarto. Al menos eso es lo que dice el hermano Carlos…
¡Ya lo dijo en clase en su día, cállate! bramó el jefe. ¡Pregunta quinta! ¿Qué famoso violinista griego murió después de cenar un gran plato de patatas y fumarse un puro habano?
Mira, tío contestó Palacios, en la Grecia clásica no había violines, ni patatas, ni tabacos, ni porras, ese tipo no existió.
El jefe de la banda pegó un grito de impotencia, cogió una silla y la tiró por la ventana, rompiendo el cristal.
Pregunta sexta. ¿Si eres abisinio, en qué país has nacido?
¿Te vale Etiopía? contestó Palacios, suspirando.
Séptima, ¿cuál es el único ser vivo que hay en el Mar Muerto?
Una especie de hongo.
Octava, ¿cómo se llamaban las batallas navales que hacían los romanos como espectáculo?
Namaquias.
Palacios contestó correctamente a todas las preguntas, excepto dos, que se las sopló Juan Salas.
Vigésimadijo el jefe de la banda, desesperado y asqueado. ¿Cómo se llamó el ministro español que había durante el reinado de Carlos IV?
Manuel Godoycontestó Palacios. Y son veinte correctas.
¿Y cómo contestas a todo bien sin fallar ni una sola? se enfureció el jefe.
Perdonadijo Palacios, pero ésa es otra pregunta, pedazo de sarasa.
¡Vale, vale, ya está bien, habéis pasado la tercera prueba! gritó el jefe.
Mira, Manolo, ríndete porque ese no es el plan, ¿sabes? le dijo Juan Salas.
¡No me rindo! Ahora es cuando empieza la diversión, Os vuelve a tocar a vosotros realizar los dos últimos desafíos el jefe señaló a Javi, Dani, Jorge, Pedro, Raúl y Lucas. Y el cuarto va a ser definitivo.
No me lo digas, hay que llegar hasta el pabellón deportivo sin caerse dijo Javi, sarcástico.
Vosotros reíd, seguid así. Pero yo mismo haré que no volváis a sonreír de esa estúpida forma y con esos dientes de ballena.
Las ballenas no tienen dientesterció Palacios.
¡Me importa un pito! gritó el jefe de la banda. El cuarto desafío consistirá en encontrar la Llave de Plata.
¿La Llave de Plata? ¿Y para qué quiero una llave de plata? preguntó Pedro Rubio. Yo ya tengo bastante con la de mi casa.
Esa llave está escondida en algún lugar de este colegiodijo el jefe. Y abre la puerta de la mazmorra en la que voy a encerrar a todos vuestros compañeros.
¿Vas a encerrarnos? preguntó Prefasi. Odio estar encerrado.
Cállatele dijo Palacios, en cuanto encuentren la llave nos sacarán de ahí.
Encontrar la llave es el cuarto. Y en el castillo empezamos, y en el castillo terminaremos. Nos vamos a Alicantedijo el jefe de la banda conduciendo a todo el grupo con ayuda de sus compañeros hasta un autobús. Tened cuidado. Alguno de mi banda puede daros un susto y, subiendo al autobús, dejaron solo al grupo que debía encontrar la llave.
Vete a la mierdamurmuró Jorge. Cuanto antes, mejor.
Encontremos esa maldita llave Raúl empezó a movilizar al grupo. ¿Por dónde empezamos?

8. La Llave de Plata.
El colegio era inmenso. Salieron de la clase y avanzaron hasta el principio del pasillo. Allí tomaron otro pasillo a la derecha, que conducía a las clases de bachillerato y que cruzaba por encima del patio de recreo como un puente. Al terminar el pasillo torcieron a la izquierda y justo delante, a mano derecha había unas escaleras que bajaban. Siete u ocho peldaños, un giro de 180 grados y continuaban bajando. Tras bajar un poco más, se podía seguir bajando hasta el piso de abajo o caminar hacia delante para llegar a la planta superior del salón de actos. En las paredes colgaban orlas de antiguos alumnos, y algunas puertas daban a despachos de profesores. Se dirigieron a la puerta del salón de actos. Entraron y estaba dentro Felipe el Pelopunk, acompañado de Sánchez, Alfonso y Balanza. Mientras tanto, el resto del CDM no estaba camino de Alicante. El jefe de la BCN les había encerrado dentro del pabellón deportivo.
Esto es increíbledecía Prefasi. Ya estoy hasta lar narices de este asunto. Voy a salir de aquí.
Recuerda que no eres superdotado ni tienes poderes psíquicos mentales le dijo su compañero Sergio Gómez de Salazar.
¿Hace falta tener poderes para derribar una puerta? Ese tío que nos ha encerrado se ha largadodijo Prefasi. Es una ocasión magnífica.
Y entre discusiones, volvamos con los otros.
Bien, parece que has decidido fastidiarme el curso, para variardecía Javi, dirigiéndose al Pelopunk. ¿Qué tal vuestro viaje de estudios a Barcelona, donde yo iré a finales de mayo?
¿El viaje? el Pelopunk se acercó. Un coche atropelló a Joaquín. Está en el hospital.
¿Quién, el coche? preguntó Dani.
¡Joaquín, imbécil! gritó Felipe.
Vale, vale, no hace falta ponerse así… Qué basto.
Y nosotros venimos a encontrar la Llave de Platadijo el Pelopunk. Queremos que el CF se apunte un nuevo éxito.
¿Qué CF ni qué porras? Vosotros sois historiainterrumpió Raúl.
En ese momento alguien entró por la puerta. Eran cuatro tipos e iban armados. Todos corrieron dentro de la sala bajando las escaleras que separaban a izquierda y derecha las localidades, y saltaron tras los asientos, usándolos de parapeto. Abajo del todo, Raúl disparó dos dardos certeramente a uno de los que había entrado, ayudado por sus compañeros.
Buena puntería, Raulitole dijo Sánchez.
Vamos a encontrar esa llave antes que vosotrosdijo Raúl, amenazante.
Os lo aviso. No va a pasar contestó el Pelopunk. Se llevó la mano al bolsillo y sacó algo de él. La llave la tengo yo.
¡Tiene la llave! exclamó Jorge. ¡Dame eso, asqueroso!
Ven a por ella canturreó el Pelopunk, saliendo de la habitación y echando a correr hacia la salida del colegio.
Mientras tanto, Prefasi había intentado echar abajo la puerta del pabellón de deportes, con éxito, y todo el club había salido de su escondite. Se habían cruzado con un tipo de la BCN.
¿Pero qué…? había intentado decir, pero Palacios le interrumpió inmediatamente.
¡¡CÁLLATE!! y le sacudió un puñetazo contra la pared. Y justo entonces vieron a…
¡El Pelopunk! gritó Palacios, señalando a lo lejos. Un tipo corría, riéndose, arrojando al aire un objeto, seguido de tres o cuatro personas más, y después seguido por Javi, Raúl y Lucas y, más atrás, Dani y Jorge. El Pelopunk se dirigía hacia ellos. No se había percatado de la presencia del numeroso grupo. Cuando tuvo enfrente a Palacios y a Prefasi, dio media vuelta y cuando fue a pasar entre  Javi y Pedro, éstos, cada uno con una pierna, le dieron una patada circular parando su carrera. La llave salió volando. Balanza intentó hacerse con ella. Saltó, pero se vio interceptado por Lucas, que le dio un señor empujón y lo tiró al suelo. Balanza, enfurecido, se encaró con Lucas. Éste, al ver la poca cosa que era, se rió. Entonces llegó Juan Salas, que dio un buen golpe a Balanza, sentándolo en el suelo. En aquel momento llegó don Enrique, el profesor de Historia de 4º C y de bachillerato, y viendo todo aquello echó al Pelopunk y a la compañía una bronca tremenda por entrar al colegio y armar aquel escándalo. También llegó la policía, que se llevó al grupo del Pelopunk y al tipo de la BCN que estaba inconsciente por el efecto del golpe de Palacios.
Se meten ustedes en unos berenjenales tremendos, ¿eh? dijo don Enrique. Ya me estoy cansando de todos estos líos.
Pero profesor, eso es algo que se nos ha presentadoempezó Lucas, y ya sabe usted, ahora queda encontrar al resto de la banda.
Sí, esos que han entrado al colegio y vienen todos por ahídon Enrique señaló hacia atrás. Es una forma tremenda de hacer el gamberro.
A mí por eso me echaba de clase atesmurmuró Lucas.
Toda la banda llegó, furiosa por haber perdido a un miembro, y el jefe vociferó:
¡Vosotros! ¡Desgraciados! ¡Os vams a…!
Vale, vale, vale, tranquilidadinterrumpió Pedro. Nos queda una prueba. La pasamos, os largáis y nos dejáis en paz, ¿vale?
No habéis encontrado la llavedijo otro miembro de la banda.
¿Y tú qué eres? ¿Detective privado, guardián de un tesoro, o un comedor de pizzas con experiencia? preguntó Lucas.
Vale. Esto se está pasando de la raya, señor Durándijo don Enrique, mirando directamente al jefe. ¿Qué porras está pasando aquí?
Si le contara yo a usted…dijo Lucas.
¡Si se calla usted, mejor, señor Lucas! exclamó don Enrique. Me lo van a contar estos jóvenes que han entrado así en el colegio, con buenos propósitos, espero.
¡Buenos propósitos! exclamó Prefasi. ¡Esa es buenísima!
Bueno, don Enriqueempezó el jefe, estos metieron las narices en nuestros asuntos y…
Vale, bonita historiadijo don Enrique. Aparte de que su voz es fea, señor Durán, habla usted fatal. Recuerdo que tenían ustedes examen con don Francisco, ¿cierto? don Enrique miró a los alumnos.
¡Aquí nadie va a ningún sitio! exclamó uno, sacando una pistola.
Pero guarda eso, que le vas a dar a alguien con ese chisme y la vamos a liarse alarmó don Enrique.
Lo único que vamos a hacer es que estos metomentodo realicen el último desafío y así les dejaremos en paz dijo el jefe. Un trato es un trato.
A mí no me importa si no se hace la pruebecilla esa, sabéis, ¿no?, porque me dan mucho asco esas pruebas…empezó Lucas.
Pero a mí sí me importadijo el jefe. Haced vuestro asqueroso examen y os esperamos fuera.
Antes de la prueba quisiera ir a prisión un momento a ver si ese angelito que hemos cazado sigue durmiendose mofó Javi.
Subieron todos a la clase e hicieron el examen de Ética con don Francisco. Como de costumbre, los que normalmente sacaban del 9 en adelante en estas asignaturas de empolle, como se las llama (Javi, Dani, y sobre todo Palacios, además de algunos otros), comenzaron sin vacilar su examen. El último en acabar, como de costumbre, fue Palacios, que había soltado un rollo impresionante con su diminuta letra. Dani se había quedado dubitativo en una pregunta y Lucas se rompía la cabeza para recordar la tercera cuestión. Cuando el examen finalizó, bajaron todos al patio de recreo. El jefe de la banda habló:
Bien, señores, creo que esto ya se ve venir. El quinto y definitivo desafío. Todo o nada Y dudo mucho que…
Bueno, ¿nos lo dices o puedo ir andando a ver la final de la Copa de Europa a Escocia, mientras tanto? preguntó Lucas, cansado de tanto rollo.
Mira, cállate si sabes qué es lo que te conviene.
¿Y qué es lo que me conviene?
Cállatedijo Prefasi, que este te pega un tiro.
Bienhabló el jefe de la banda, decía que dudo mucho que consigáis superarla. Ahora mismo, vosotros sois veintinueve en la clase. Nosotros os doblamos en número. Vamos a encerrar a veinticuatro de vosotros en una habitación en el castillo en el que nos descubristeis. Esa habitación solamente se abre con la Llave de Plata, esa que habéis encontrado. Mientras buscáis la habitación, todos los miembros de la BCN estaremos merodeando por el pasillo para intentar encerraros a vosotros también. El grupo elegido para la gloria estará formado por Javier, Raúl, Lucas, Pedro, Salas y Palacios.
A mí no me encierra nadiebramó Prefasi.
¡Tú te callas! exclamó uno de la BCN.
Vale. Déjalo. Uno más no hará daño. Son siete contra cuarenta, no tienen posibilidades de ganarnos dijo el jefe. ¿Y bien? ¿Vamos allá?
Sea, puesdijo Javi, desafiante. Vais a lamentar haber nacido.


9. El quinto desafío.

Una vez en el castillo, el grupo del CDM fue encerrado en una mazmorra, con toda la clase de 4º D. Ninguno de los que había quedado fuera para intentar liberarlos sabía, lógicamente, dónde estaban sus compañeros. Javi, Raúl, Lucas, Pedro, Juan, Palacios y Prefasi quedaban libres para buscarlos por donde pudieran ir.
Es un suicidio. No lo conseguiremosdecía Prefasi.
Tú dando buenas vibraciones. Como siempre contestó Juan, irónico.
Estaban en una explanada exterior del castillo, esperando la señal del jefe de la BCN. Al minuto, salió a la azotea y agitó un pañuelo.
Vamos dijo Lucas, haciendo ademán de entrar al castillo.
¡ESPERA! bramó Javi, agarrándole del hombro. ¿Qué pasa si hay una trampa tras la puerta? Ábrela con algo duro. Un tronco de árbol o algo así.
Mira. Si hacemos un agujero en la puerta, lo que haya encima, si es que hay algo, no nos caerá encima, porque la puerta no se mueve se lanzó Prefasi.
Conmovedordijo Lucas. Tu idea nooo meeee – iiinteresa canturreó. Hay que tirar la puerta. TIRARLA.
Yo hago el agujero y entro. Y tú la tiras y entras tú. ¿Vale? –dijo Prefasi.
¿Queréis dejar de hacer el anormal? Javi se enfadaba.
Haz el agujero y cállatele dijo Palacios a Prefasi, cabreado.
Pero si hacemos un agujero en la puerta ya podemos pasar por ahí, ¿para qué la vamos a tirar? intervino Juan.
¡Efectivamente! habló Javi, irritado. Juan ha hablado como un libro abierto añadió, sarcásticamente.
Claro que sí. Lo que yo diga dijo Juan. ¿A que sí, Fran?
Por supuesto… siempre que no sea peligroso. Prefasi, coge ese pedrusco y rompe la puerta con élordenó Javi.
Pero…intentó decir Lucas.
¡No hay pero! No quiero que me caiga encima una armadura oxidada, o algo peordijo Juan. Hay trampas, seguro.
Vale, está bienLucas cogió un pedrusco enorme y lo lanzó contra la puerta con todas sus fuerzas, haciendo un boquete. Nada más hacer el agujero, la puerta se vino abajo, cayendo hacia abajo, y veinte cuchillos afiladísimos cayeron del techo clavándose en la puerta.
Lucas, un poco más tonto y naces perro. ¿Qué te hacía pensar que tras la puerta no iba a haber una trampa de las gordas? preguntó Pedro Rubio.
Voy dentroPrefasi entró al castillo. Le siguieron. Nada más entrar, un grupo de diez tipos de la BCN les estaba esperando cinco metros más allá del umbral.
Se suponedijo uno de ellos que ni deberíais haber entrado aquí. Pero no me queda más opción. Tendréis que deshaceros de nosotros a puñetazos. Os aviso de que somos los mejores luchadores de la banda y nadie sobrevive a nosotros…
¡Que te calles! Javi sacó su pistola de dardos y disparó. Raúl le imitó. Dispararon contra todos, dejándolos inconscientes.
Pues sí. Sólo faltaba tener que aguantar pelmazosdijo Javi, guardando la pistola. Continuaron avanzando por el pasillo. Javi sacó un plano del castillo.
Estodijo lo conseguí en la biblioteca. Muestra todos los pasadizos secretos que hay aquí. En mi opinión, sería mejor ir por ellos hasta donde estén todos los demás.
Bravo. Eres mi ídolodijo Prefasi.
¿No sabes decir otra cosa, Prefa? dijo Lucas, hablando atropelladamente. Siempre lo mismo, a todo el mundo le dices siempre “eres mi ídolo”, y cuando no, dices “soy mi ídolo”, no paras de hablar, tío, deberías ser callado, como lo soy yo y…
¿QUIERES CALLARTE DE UNA VEZ, JODER? gritó Prefasi. Un ruido comenzó a retumbar a lo lejos. La habitación temblaba.
Genial. Nos han oído gracias a vosotrosdijo Javi. Hay que llegar a este pasadizoseñaló en el mapa antes de que nos pillen aquí o derrumben esta habitación.
Javi corrió hacia una puerta y la abrió. Al otro lado había cinco perros gigantescos echando espuma por la boca. Javi cerró la puerta mientras el cuarto seguía temblando. Al lado opuesto había una escalera. Juan fue a subir por ella pero volvió a bajar, corriendo. Salió de las escaleras perseguido por un enorme pedrusco redondo. Se apartó rápidamente y el pedrusco se estrelló contra la puerta de los perros, tirándola abajo y haciendo un boquete circular enorme.
De buena me he libradodijo Juan. Ahora los perros estarán planchados por la piedra. Comamos “perro a la plancha”…
Yo no lo diría tan altodijo Pedro, señalando a los cinco perros, que salían de la habitación.
Hay que llegar al pasadizo antes de que nos coman exclamó Javi, corriendo. Subió las escaleras, seguido de todos, corriendo como nunca antes habían corrido, perseguidos por los enormes perros. Javi fue a la pared y miró el plano. Abrió un hueco en la pared y tiró de una pequeña palanca.
¡Vamos, Fran, que vienen las bestias del bosque! le apremió Juan.
¡Voy, voy! Ajá… ¡ya está! un hueco se abrió en el suelo, en la esquina de la habitación. Bajaron por una escalera de piedra que había en el hueco, tallada en la pared. Javi bajó el último. Cuando fue a cerrar el hueco, oyó unos gritos.
¡Se han ido por un pasadizo!
¡Ese hueco no lo conozco!
¡Cogedles!
Javi cerró el pasadizo justo cuando los perros llegaron y cuando asomaron quince cabezas de miembros de la BCN gritando. Javi disparó un dardo antes de cerrar y acertó dándole a uno de los perros, que cayó al suelo. Siguió a sus compañeros, que ya estaban abajo.
¡Listo! Ya está todo. Podemos seguir.
Yo creo que nodijo Pedro, señalando delante de ellos.
¿Qué es esto? preguntó Javi.
Un laberinto vegetal gigantesco. Muros de diez metros de altura. Por detrás venían cuatro perros enormes y quince tipos de la BCN. Por delante, tenían un laberinto enorme en cuyo interior no sabían lo que podría haber.
Perico, mi plano viene al completointentó calmarle Javi. De hecho, el pasadizo por el que hemos bajado más allá del subsuelo del castillo está aquí, y evidentemente el laberinto está… hum… el laberinto no figura en esta mierda de papel. ¡Qué asco! ¡El tío de la biblioteca me ha timado! Todos los pasadizos y sus salidas, decía. ¡Anda ya! Aquí sólo hay una habitación muy grande…
Yo creo que lo ha levantado el jefe de la banda por si descubríamos el pasadizosugirió Palacios.
Oh. Sí. ¡Claro! Es comprensible. Un fallo tonto… vamos dentro.
¿Pero vamos a entrar ahí? preguntó Juan.
¿Quieres liberar a la gente o dejarlos que se pudran en la mazmorra lóbrega y oscura donde hay ratas que se les coman los calcetines? le preguntó Javi.
Creo que no hay más remedio que entrardijo Prefasi. Joaquín estará muerto de miedo.
Deja en paz a tu colega Taverner, que hay cosas más importantesdijo Palacios. Entremos.
¿No habéis traído un cortacésped? preguntó Lucas.
Entraron en la habitación y comenzaron a caminar. Y al doblar la primera esquina, apareció un grupo de cinco tipos de la banda.
Son una plagaexclamó Pedro, están por todas partes.
Y vosotros acabáis de firmar vuestra sentencia de muertedijo uno de los tipos, amenazante.
¿He firmado algo? preguntó Lucas, mirando a su alrededor. Es que no llevo bolígrafo, ¿sabes?, y creo que…
¡Cállate, imbécil! gritó el líder de aquel grupo. Ahora, acabad, con ellos.
Los cinco se dirigieron amenazantes al grupo del CDM, pistola en mano. Los chicos fueron arrinconados contra la pared. Javi parecía pensar una solución, pero fue Lucas el que gritó.
¡Eh! ¡Un momento! ¿Qué hemos firmado? ¡Ya estoy harto de tantas tonterías! ¿Me oís? ¡Me tenéis hasta las narices!
¡Cállate! gritó uno de los otros.
¿Pero no podemos negociar? Es que tengo que ir a mi casa un momento, ¿me explico? Tengo cosas más importantes que hacer, ya sabes, ver la Final de la Copa, lavarme los dientes, cortarme las uñas de los pies, ir a comprar la revista de cotilleos del mes…
¡¡QUE TE CALLES!! vociferó el mismo tipo, disparando a Lucas en el pecho. Lucas se quedó inmóvil, estático. Se miró. Se tocó el disparo. Se metió la mano en su camisa y sacó su cartera, agujereada por la bala, y la bala incrustada dentro de la misma, detenida por una piedra circular.
¡¡ME HAS HECHO UN AGUJERO EN MIS CARNETS Y EN MI DNI!! bramó Lucas, cabreadísimo. ¡Me tenéis hasta los mismísimos! ¡Id a la mierda, todos! ¡CÁLLENSE LA BOCA! ¡PETARDOS, MERLUZOS, AUTÉNTICOS CERDOS A LA BRASA!
El líder del grupo de cinco hacía ademán de volver a disparar, pero Lucas le cortó, dando a las manos que sostenían las pistolas una espectacular patada circular y lanzándolas por el aire. Javi se lanzó entonces contra el jefe, derribándolo de un codazo frontal en el esternón.
¡Arrodillaos y pedid clemencia! gritó Lucas. Javi inmovilizaba en el suelo al otro, y mientras lo hacía, le decía a Lucas:
Llevas la pistolita en la mano una hora y cuarto. ¿Por qué no les disparas y los atas a un bellotero?
Sipuuuudijo Lucas, disparándoles.
Prefasi se llevaba las manos a la cabeza. Y también Palacios y Juan.
Una vez que los cinco tipos estaban inmovilizados, Lucas meneó la cabeza.
Esta banda tiene menos futuro que mil euros en la mano de Prefasi…
¿Qué pasa conmigo? ¿Eh? bramó Prefasi.
Sigamos adelante Raúl estaba perdiendo la paciencia. Quiero salir de aquí, y contigo no pasa nada, cállate la boca.
El grupo continuó a lo largo y ancho del laberinto. En uno de los muchos pasillos encontraron una puerta cerrada a cal y canto con una cerradura.
¿Y ahora qué? Juan miró la puerta y le dio una patada. La puerta no se movió, pero de la nada cayó una colmena de abejas.
Ay, mi madre, eso estaba encima del muro y al darle la patada a la puerta se ha caído…dijo Prefasi, aterrado. Nos van a comer vivos.
Abre la puerta con la llave de platasugirió Javi.
Lucas sacó la llave y rápidamente entraron, dejando atrás a las abejas. El laberinto continuaba. Y ellos siguieron caminando, sin un rumbo fijo. Llegaron a una bifurcación, en la cual decidieron seguir por el camino de la izquierda. Y la marcha continuó.

10. La bestia del laberinto.

Siguieron avanzando, prácticamente sin rumbo fijo. Al doblar a la derecha en una bifurcación de las tantas que habías, vieron un papel escrito a mano.
¿Qué es esto? Juan lo cogió y leyó.
Vais por buen camino para llegar al centro. Una vez allí no vais a tener más remedio que volver atrás corriendo, porque hay un monstruo gigantesco esperándoos. Firmado, M. Durán, jefe de la BCN. Posdata: el monstruo siempre tiene hambre y come todo lo que pilla.
Me pregunto si también comerá óxido de plutoniomurmuró Lucas.
Eres anormal. ANORMAL se enfadó Javi.
Creo que deberíamos volver a la entrada y largarnos de aquí y llamar a la policíasugirió Prefasi.
No sabemos el camino de vuelta, estamos perdidoscontestó Pedro.
¿Vamos a seguir o no? preguntó Javi.
Hombreeeee, visto lo visto… Juan agitó el papel en el aire-
Si el bicho siempre tiene hambre y come todo lo que pilla, no tiene por qué comernos a nosotrosdijo Pedro. Basta con dispararle unos cuantos dardos y que se los coma.
Pero si come cualquier cosa, ¿no es posible que se coma la hierba de los muros? inquirió Lucas.
Un rugido se oyó a lo lejos. Tenue y sordo. Pero lo justo para que los chicos lo oyeran. Empezaron a oírse también zancadas de pasos que avanzaban por un pasillo del laberinto. Javi apoyó la oreja en un muro y oyó algo justo al otro lado.
Está en el pasillo paralelo. Eso quiere decir que viene aquí.
Bien. Ya que viene, debemos actuar con sensatezdijo Prefasi. Y un gigantesco gorila dobló la esquina y enfiló el pasillo donde estaban ellos.
¡Ay, madre! ¡Es la personificación de las bestias salvajes! gritó Lucas, echando a correr.
¡A la mierda tu sensatez, yo me largo de aquí antes de que ese nos coma! gritó Javi, siguiendo a Lucas. Todos corrieron. El gorila les persiguió, bramando y rugiendo con cara de malas pulgas. Después de una carrera espectacular sin rumbo, llegaron a un cartel que decía: “Salida a 200 metros”.
¡Vamos, que viene la cosa! exclamó Pedro. Todos salieron pitando otra vez. El gorila pasó por el cartel y se lo llevó por delante de un manotazo. A los cien metros llegaron a una bifurcación.
¡Hay que joderse! bufó Javi.
Vaya faena. ¿Por dónde? preguntó Pedro.
Si el camino no tiene salida vamos listos. El gorila nos comerá lentamente uno a uno, crudos y sin sal…dijo Juan.
Gracias por decirlo, Juan. Qué ascocontestó Lucas. Desenfundó la pistola de dardos y disparó contra el gorila. Agotó el cargamento entero acertándole doce veces. Los demás le imitaron, excepto Pedro y Javi, que miraban aquello de forma rara. El gorila había recibido ya más de cincuenta dardazos tranquilizantes pero se mantenía en pie. Javi sacó un cartucho de dardos de su bolsillo y se los dio a Lucas.
Toma. Para dormir al objetivo 48 horasdijo Javi. Para ocasiones especiales. Dale fuerte que viene.
Lucas cargó y disparó. El gorila dio un rugido ensordecedor y alzó el puño. Juan ya estaba sin dardos y no se le ocurrió otra cosa que tirarle al gorila la pistola a la cabeza.
¡Toma esa, desgracia con patas! gritó.
Pero no fue suficiente todo aquello, así que todos de nuevo echaron a correr y despistaron al animal, que ya no les seguía. Otro cartel. Salida a cincuenta metros. No lo parecía, ya que había muchas curvas para salir. No acabaron ahí los problemas, porque al doblar la última esquina…
¡Pelopunk! gritó Javi. ¿Qué porras estás haciendo aquí?
Hacerte la vida imposiblecontestó el Pelopunk.
¡Yo quiero largarme!—gritó un chico que iba con el Pelopunk.
¿Joaquín? preguntó Javi, extrañado.
¡Sí, claro!, ¿quién quieres que sea? ¿La bella durmiente?
¿Qué haces aquí? ¿Estás de su lado? Qué traidor…
¡Me ha traído por la fuerza!
De pronto apareció el gorila detrás de Felipe, que no se había dado cuenta. Siguió hablando, como si nada.
Bueno, pues he venido a haceros la vida imposible, sí. ¿Qué pasa? ¿Por qué tembláis? Me señaláis muertos de miedo, ¿eh? Míralos… animalitos… Felipe dio un codazo a Sánchez, que le acompañaba. Echan a correr muertos de miedo.
¡Animalito el que tienes detrás, GILIPUERTAS! bramó Javi, corriendo como el rayo. El gorila puso una mano en el hombro del Pelopunk. Éste la notó y la palpó. Lentamente, volvió la cabeza y dio un alarido.
¡¡¡AAAAAAAAAAAAHHH!!! y acto seguido salió corriendo hasta adelantarles a todos, llegando hasta una puerta.
¡Esta cerrada! ¡Nos va a guardar para el desayuno! ¡¡VAMOS A MORIR!! gemía el Pelopunk, agachado en el suelo.
El grupo del CDM llegó por detrás. Pedro dio una patada al Pelopunk, apartándole, y sacó la llave de plata.

11. El precipicio.

La llave abrió la puerta y todos pasaron a través de ella, cerrándola justo a tiempo para que la bestia del laberinto quedara al otro lado. Era una puerta blindada, pero el gorila la aporreaba sin cesar. Lo habían logrado, estaban fuera del laberinto. Y ahora encontraban justo delante un cartel escrito por el jefe de la banda.
Leamos estodijo Raúl, cogiéndolo. Si habéis conseguido salir del laberinto, os digo que este es el camino correcto para llegar hasta donde queréis llegar. Debéis superar otra prueba antes de llegar a vuestro destino. Cuando consigáis superarla (si es que lo conseguís) veréis unos peldaños excavados en la pared que os permitirán salir del túnel y llegaréis a un pasillo al final del cual están encerrados vuestros compañeros. Os desea mala suerte, M. Durán.
¿A qué se refiere exactamente? preguntó Palacios.
Javi miraba al frente y señalaba con el dedo índice.
A eso.
Había un gigantesco abismo excavado en el túnel, cincuenta metros por delante de donde se encontraban ellos.
¿Cómo quiere que pasemos? ¿Volando? se enfadó Juan. Esto tiene que ser una broma.
Pero no lo es Javi avanzó hasta el borde, miró abajo y retrocedió unos pasos. Ay, madre. No se ve el fondo. Debe de tener más de un kilómetro de caída.
Lucas se acercó.
Aquí hay un tobogán que baja anunció, una vez examinado el borde del precipicio. Y una flecha que indica hacia abajo.
Entonces, ¿quieres decir que hay que bajar por ahí? Prefasi se acercó. Los demás le siguieron. Estaban mirando el tobogán, que descendía hacia las profundidades del abismo.
¿Y qué pasa si acaba en un colchón de clavos, en una piscina de ácido o en cualquier cosa igualmente asquerosa? preguntó Raúl.
Eres el tío más desagradable que he conocido en mi vidale dijo Pedro. Baja por ahí.
De pronto se oyó un ruido detrás. El gorila volvía a aporrear con fuerza la puerta del laberinto, que empezaba a ceder.
¡La bestia sarnosa! exclamó Felipe, muerto de miedo.
¿Y si le tiramos a él? Pedro señaló a Felipe.
Eso es. Después le seguimos. Si hay algo malo abajo, creo que caeremos encima de Felipe, a no ser que sea un caldero de sopa hirviendo o algo igualmente asquerosocomentó Raúl.
¡Cállate ya! gritó Pedro. La puerta de salida del laberinto se vino abajo y el gorila la atravesó. Todos cogieron al Pelopunk y lo lanzaron por el tobogán, y luego lo siguieron los demás.
¿Cuándo se acaba estoooooooo? gritó el Pelopunk.
¡Cállate! le gritaron los demás, bajando vertigiosamente.
La bajada continuaba, cada vez más deprisa. Parecía que llevaban horas bajando cuando de pronto el Pelopunk chocó contra el duro suelo, seguido de Lucas, por detrás Prefasi, luego Sánchez, Joaquín, Juan Salas, Raúl, Pedro, Javi y por último encima de todos y para rematar la faena, cayó Palacios, como una losa, armando un bollo impresionante.
Esto… perdonad… dijo Lucas.
¿Sí, Lucas? preguntó Palacios.
¡¡¿PODÉIS QUITAROS DE ENCIMA?!! vociferó Lucas.
En marcha de nuevo, anduvieron un poco por allí hasta llegar a un pasillo. La estancia quedaba lúgubremente iluminada tan sólo por unas antorchas que colgaban de las paredes. Debían de estar en un sótano muy profundo.
Tras cruzar aquel pasillo, llegaron a una habitación redonda. Había cinco puertas diferentes, con variadas formas, tamaños y colores, y un cartel.

Si la salida queréis encontrar
Por una de estas puertas habréis de salir
Para a todo esto sobrevivir
Y a vuestros compañeros poder liberar.
Parece fácil, pero no lo es:
Si vais por dos de ellas, seguro no vais a volver.
Prestad atención, pues,
A los consejos que os voy a dar.
Una de las puertas verdes mala  es
Y para decirlo tengo una razón:
Hay trampas insalvables
Hay monstruos abominables
Y aunque con ellos seáis amables
Os aseguro que no hay salvación.
Junto a  la puerta de la muerte
Podéis hallar la salida
No tentéis mucho a la suerte
Si no queréis perder la vida.

Todas tenemos distintos tamaños
Atended, pues, no seáis tacaños:
Por la más grande y la más pequeña
Podéis pasar sin peligro.

Tenemos distintos colores,
Mas si quieres avanzar,
El rojo no es tu amigo.

La puerta amarilla es una opción
Para seguir seguro adelante
y enfrentarse a otra prueba espeluznante.
Vosotros tenéis la elección.

Firmado, el jefe de la BCN,
¡ése soy yo!

Silencio. Todos se miraron. Javi miró las puertas de izquierda a derecha.
La primera, una puerta pequeña cuadrada roja. La segunda, una puerta circular verde. La de en medio, una rectangular amarilla. A continuación, una redonda azul. Y la quinta y última, una rectangular verde.
¿Y si cogemos la amarilla y nos dejamos de estupideces? preguntó Lucas. Una de las verdes es mala y por cualquiera de las otras, a saber…
Es un simple acertijodijo Javi.
Prefiero la amarilla. Es una opción, dice, y no hay que romperse el tarro con tonteríascontestó Prefasi.
¿Qué hacer?

12. El momento crítico.

Esto se está empezandoa  poner interesante dijo Juan. Bandas principiantes y todo lo que se puede pedir en un día de sol como hoy.
¿Sol? ¿Quién dijo sol? preguntó Raúl. Ya me gustaría a mí estar en la playa.
Sí, enseñando los michelines y esos abdominales de tiranosauriodijo Lucas.
Bueno, estamos esperando una votación. ¿Seguimos por la amarilla o no? preguntó Prefasi.
Es la azul dijo Javi.
La amarilladijo Lucas, aburrido.
Estoy con Javi intervino Palacios, que miraba ora el cartel, ora las puertas. Es la puerta azul.
Yo me quedo la amarilla, por cualquiera de las otras seguro que hay más bichosdijo Prefasi.
Es evidente que es la azul. Está al lado de la verde, puerta de la muerte señaló Javi. Por la más grande y la más pequeña se puede pasar sin peligro. La más grande es la amarilla. La más pequeña es la azul. La roja es de igual tamaño que la azul, pero no lleva hacia delante. Ergo, señores, nuestra puerta es la azul.
Que no. Que os equivocáis todos. No vayáis por la azuldijo Prefasi.
La azul parece buena, es ciertole apoyó Juan.
Yo voy por la azul. ¿Quién se viene? preguntó Palacios. Javi y Juan se posicionaron a su lado.
¡Venga! exclamó Javi.
Vale, vale. Está bien dijo Prefasi. Iremos. Pero como nos encontremos problemas, te doy una paliza, Javi.
Me gustaría que lo intentaras contestó Javi, con sarcasmo.
Y cruzaron la puerta azul. Estaba muy oscuro. Pedro sacó una linterna y alumbró el camino.
Esto es tétrico y horripilantedijo.
Vamos por el buen caminoterció Palacios.
¿Cómo puedes saberlo? preguntó Lucas.
Cuanto más tétrico sea y más peligro parezca que haya, más seguro estoy de que es por aquí. Aquí no hay nada.
intervino Javi. Cuanto más miedo da, menos trampas hay.
Me gusta ese razonamientodijo Lucas. Mirad, hay huesos de ciruela en el suelo.
Pedro los alumbró. Y se dieron cuenta de que no eran huesos de ciruela, sino…
¿Calaveras? exclamó. ¿Seguro que es el camino correcto?
Al frente se oyó un rugido. Todos miraron. Un par de ojos surgieron en la oscuridad.
Mirad esoseñaló Pedro.
No nos hemos equivocado de puerta… dijo Javi. ¿Qué es eso?
Una sombra enorme apareció delante de ellos.
¡Mirad! exclamó Javi. La bestia abominable…

En cierto lugar del castillo, la banda vigilaba a los prisioneros.
Ya me estoy cansando de estodecía Jorge. ¿No podemos salir a tomar el aire?
Nocontestó el jefe, de mal humor.
Dani se daba una vuelta por la habitación mirando los retratos que colgaban de las paredes. Se paró delante de uno y vio que estaba torcido. Fue a ponerlo derecho, pero en cuanto lo tocó, se le cayó al suelo. Y vio un botón dentro de una pequeña abertura que había tras el cuadro. Aprovechando que los de la banda estaban entretenidos vigilando al resto de la clase, pulsó el botón y se abrió una cavidad en la pared. Dentro había joyas, relojes, collares, anillos y toda clase de objetos.
¡Así que aquí escondisteis todo lo robado! exclamó.
Eres hombre muertouno de la banda le apuntó con un bate de béisbol. Se tiró a por Dani, pero éste se apartó, el de la banda pasó de largo y se dio de narices contra la pared.
¡Ahora! gritó Dani. Todos sacaron sus armas y dispararon a los miembros de la banda al mismo momento. Algunos cayeron al suelo. Otro intentó disparar su arma, pero Jorge le vio a tiempo y le tumbó en el suelo. Los que habían huido a través del pasillo vieron cortada su retirada cuando una trampilla se abrió en el suelo y salió Javi, seguido por Lucas, Palacios, Raúl, Pedro, Prefasi y Juan.
¿Os divertís poniendo monstruitos mecánicos al final del camino? ¡Te voy yo a dar monstruo – robot! bramó Javi, encarándose con el jefe. Los demás se lanzaron a por los miembros restantes de la banda. El jefe logró zafarse y huir, los demás no tuvieron tanta suerte.
¡Habéis escapado! exclamó Jorge.
Qué peste…decía Dani.
Llamad al inspector McHanon. Se va a alegrar de que por fin alguien haya pillado a todos estosdijo Lucas. Les encerraremos en una celda sin ventanas llena de ratas que se les coman los calcetines.
¿Y qué pasa con nosotros? preguntó el Pelopunk.
Te lo voy a decirJavi se acercó y le dijo en voz baja. No se lo digas a nadie, es un secreto se acercó a él más, y entonces pegó un grito. ¡¡VETE A TOMAR POR SACO DE ESTE CASTILLO!!
El Pelopunk pegó un salto.
¡Desgraciado…! el Pelopunk y Sánchez se largaron.
¿Y yo qué? preguntó Joaquín.
¿Tú? Te vamos a…empezó Jorge, pero Javi le paró.
Tranquilo, está de nuestro lado. Es amigo mío.

El inspector llegó en ese momento. Los chicos del CDM le entregaron a la banda y los botines robados. Javi prometió pasarle un informe completo al día siguiente.
Gracias de nuevodijo el inspector. Y enhorabuena, chicos.
Somos una joya dijo Lucas.
¿Le pegamos ya? preguntó Pally, harto de las tonterías de Lucas.

Y aún no había terminado el curso. Quedaba aún un viaje de estudios que, tal y como iban las cosas, no parecía que fuera a ser tranquilo. Y si no era, iba a ser toda una sorpresa.

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